Zumbar de Gesta: La batalla de los mosquitos

Por @manumanuti

Mosquitos hijos de la chingada. Mi primo y yo no habíamos previsto una noche de lucha encarnizada contra esos dípteros impíos del demonio, pero el enfrentamiento dejó decenas de cadáveres fragmentados, y cientos de mililitros de sangre sobre las paredes blancas,  límpido campo de batalla convertido en un holocausto, un “insecticidio” manchado de rojo.

La estrategia de esos aviadores  fue esperar que su gigante enemigo apagara las luces y entrara en letargo, y en esa obscuridad tan profunda desplegar el desalmado ataque, con probóscides en lugar de fusiles, maquinaria biológica para drenar sangre e inyectar veneno.

El mosquito no es un asesino silencioso, que ataca con sigilo y discreción, anuncia el embate con un zumbido belicoso, que desespera al enemigo al punto de llevarlo a auto infligirse heridas en forma de cachetadas aleatorias por todo el cuerpo, principalmente en la cara. Al mosquito no le importa poner alerta a su presa, se la pela el disimulo, porque su modus operandi es ciego, efectivo, fulminante.

Esa noche la ofensiva aérea empezó alrededor de la una de la mañana, las condiciones eran perfectas para un motín de sangre necesario para las hembras y sus aspiraciones de convertirse en madres, progenitoras de futuros soldados diminutos , grandes bastardos chupa sangre.

Las presas eran dos mamíferos agotados, a los cuales el calor los hacía aún más susceptibles, con sus extremidades privadas de tela, dermis desprovista de las sábanas, a las armas pulso cortantes de los depredadores, machetes en forma de popotes, agujas hipodérmicas lacerantes.

Las bestias semi-durmientes se defendían de forma muy pasiva antes los constantes ataques, patadas voladoras de ninjas  invisibles,  perdidos en la lúgubre atmósfera de la alcoba: cambios de posición, boca arriba, boca abajo viraje a babor y a estribor, de costado y sobre el otro costado; otras veces se protegían a través de una auto-tortura termodinámica, utilizando como armadura improvisada el cobertor y una almohada sobre el rostro para reducir los puntos de contacto a pocos y pequeños recovecos de piel.

Y así se prolongó la emboscada durante varias horas de la madrugada…

Fue alrededor de las 5am cuando la paciencia de los homínidos, se colmó, y decidieron improvisar un hasta entonces inexistente, plan estratégico de guerra… el primer paso consistió en encender la luz,-putísima la vende huevos- el cuarto era una recreación de una película de Hitchcock pero en lugar de pájaros, eran mosquitos, decenas de insectos hematófagos,  aguardando en la pared, fracasadamente mimetizados, parecían esperar su inevitable muerte…

Lo que sigue fue una masacre, digna de un vendetta  o de un ajuste de cuentas de la mafia, los gigantes se despojaron de sus camisas y utilizándolas como látigos, flagelos titánicos, destrozaron los cuerpos de sus enemigos que explotaban como globos de agua, dejando estelas sangrientas en las paredes y en la cama, emulando alguna escena fílmica de Quentin Tarantino, con una banda sonora compuesta por Wagner.

Otros mosquitos fueron aplastados con aplausos homicidas, que convertían las palmas de las manos en cementerios con cuerpos descuartizados, y la sangre que no era la ajena sino la propia emulaba charcos profundos sobre la carne humana.

La victoria fue una experiencia catártica, trajo consigo un sentimiento insondable de liberación y satisfacción. Esta batalla, sin duda, tuvo un ganador, pero de antemano sabemos, Arturo y yo, que hoy en la noche, habrá revancha. La guerra no ha terminado.

¿Continuará?Mosquito Herido en Guerra

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