Skinasfolk: Poemas de amor I

10 hours Minimal Piano

Decidí hacer una primera recopilación de 60 de mis poemas de amor (y sus matices) escritos para @skinasfolk_

I

La cama había perdido todo rastro de esquinas en un mar interminable de sábanas, tan blancas, como la espuma más pura.

II

Un amor a la Christopher Nolan. Viajamos juntos en un romance espacial, hasta una galaxia lejana del otro lado de mi cama. El cambio abrupto de atmósfera me impedía respirar, mas no suspirar, y flotábamos por todo este nuevo planeta desconocido donde no había otra fuerza de atracción más que la nuestra. Sin gravedad. El tiempo también se relativizó, y lo que fuera tan solo un par de horas se dilató en una vida entera. Cuando te fuiste me sentí más que satisfecho, contigo viví enamorado los últimos 50 años, y aún tengo 29. ¿nos vemos mañana otra vez?

III

Solo tomó 3 segundos, tic tac tic tac tic tac, y entonces supe que todo estaba perdido; había dejado de ser yo mismo, para convertirme en algo más. Él podría pedirme lo que quisiera, y yo se lo daría sin reparo. Ni siquiera tuvo que desenfundar el revolver y disparar; a la velocidad de un beso, ni tan rápido, ni tan lento, destruyó mi voluntad.

IV

Alguien me dijo (o lo leí en alguna parte) que hay dos razones fundamentales para dormir: para descansar y para olvidar. Hoy me tiré en la cama desde temprano, algo cansado y con muchas ganas de no pensarte; pero durante el sueño, irónicamente, no hice otra cosa que soñarte. Y así a la mañana siguiente, me desperté aún más cansado, y con unas ganas impetuosas de verte de nuevo.

V

Muéstrame. Las cicatrices me gustan, son historias memorables grabadas en la piel.

VI

Un amor dantesco

fue mirarlo tan sola una vez

caminar entre la gente

sin tocarlo, sin hablarle

y aún sí, 

vivir enamorado de él, 

por siempre.

VII

Y tu mirada romperá el silencio.

VIII

Abstraerse es reducirse a lo esencial, al estado más puro, a la forma más relevante. Y tú sabes hacerlo tan bien, cuando te tomas el café de la mañana, o caminas descalzo por toda la casa, o cuando te haces y deshaces el cabello mientras me platicas de tus cosas. 

IX

Nunca vuelvas a decir que me tienes miedo. Sabes que te quiero, demasiado, y que nunca podría hacerte daño (de nuevo).

X

Qué bueno que te conocí en octubre

en otoño las cosas pasan cuando tienen que pasar

caen las hojas porque quieren y no porque mueren

no están secas, están cansadas de esperar.

XI

Ayer no pude dormir

o más bien no quise dormir.

Estuve despierto 

toda la madrugada

esperando,

por si en medio de la noche,

querías darme un abrazo,

o un beso o decir algo,

qué se yo. 

Ayer no pude dormir

o más bien no quise dormir.

Estuve despierto 

toda la madrugada

esperando.

XII

¿Te volveré a ver? te juro que cada dos o tres días te pienso intensamente, entre semana un poco menos que los fines de semana, y tu recuerdo es más nítido por las mañanas que por las noches. Será debido a la luz tan clara que entra por la ventana de mi habitación. Extraño lo que pudimos ser, lo que fuimos y también lo que no fuimos; nunca alcanzamos esa perfección que tanto añorábamos. ¿Te volveré a ver? sí quiero, no quiero, ya no sé… pero te extraño ¿eso cuenta?

XIII

Yo solo quería que me abrazaras, y que me dijeras 4 simples palabras: quédate conmigo para siempre.

XIV

Una palabra intermitente, una caricia trepidante, una mirada luminosa, una sonrisa fugaz. Eres todo eso, y más.

XV

Mis momentos, tuyos, favoritos, son al atardecer.

XVI

La gravedad lo une todo, las galaxias en lontananza, los huracanes cósmicos, los agujeros negros, las órbitas elípticas, los planetas y las estrellas, el tiempo y las mareas. La gravedad nos unía, a ti y a mí, pero cuando te fuiste, el universo perdió su vigor, perdió su interés, y todo el sistema colapsó, ya no le encuentro los pies a la cama, ni los latidos al corazón.

XVII

Y es que esos puños sobre la cama eran una sentencia tan definitiva, era como rendirse y triunfar al mismo tiempo, la dulce batalla perdida.

XVIII

Quisiera sentirme bien, 

Bien del todo, no por fragmentos,

Sin calamidades, ni contratiempos

Bien. Poder decir: ¡qué bien estoy! 

Y tirarme al sol, a disfrutar del momento.

¿Que cómo estoy? Bien, medio bien,

A decir verdad medio mal, mal.

¡Qué mal estoy! 

Quisiera sentirme bien, 

Bien del todo, no por fragmentos,

Sin calamidades, ni contratiempos.

XIX

No eres un quién, ni un cómo

Ni un por qué. Eres un cuándo.

Eres mi momento favorito del día, 

lo más importante.

XX

Quisiera darte tu espacio (no pensarte, no escribirte, no hablarte) para no verme tan invasivo. Pero me es imposible, ya no cabes dentro de mis voluntades, el que está invadido por completo soy yo, de ti. 

XXI

Despertar y no tenerte,

Es la peor de mis mañanas,

Los brazos vacíos, los labios secos,

Las ganas sin ganas.

Despertar y no tenerte,

Es la peor de mis mañanas.

XXII

Cuando la luz rompe el silencio, no sé si detenerme o callar, o gritarlo, al fin y al cabo, ya lo saben todos, solo nos hacemos los locos y pretendemos que es nuestro secreto.

XXIII

Amor no es sinónimo de eternidad. Aquel día, en la intimidad de un par de horas, nos amamos tan bien y tanto, que después ya no quisimos vernos más. Lo nuestro duró lo que dura un ocaso. 

XXIV

Me gustan los días de frío y lluvia, porque deambulas por la casa con mi sweater favorito colgándote de los brazos, y porque no quitas esa sonrisa ridícula que pones todo el tiempo, cuando te cuento algo. Me gustan los días de frío y lluvia, porque no te vas nunca a ninguna parte, y pasas conmigo toda la tarde, hasta que nos quedamos dormidos. Por eso me gustan los días de frío y lluvia, por mí, por ti, por tu culpa.

XXV

Y ahora que ya te fuiste, ¿con qué me quedo? sin el triángulo perfecto de tu vientre, con el espacio vacío entre mis dedos.

XXVI

Ayer te soñé 

bajo el sol sempiterno

con tu cabello de paja

tus ojos de silencio

tu ternura que desarma

tus labios de besos perpetuos

tu cuello a la medida de mis manos

las lagunas secas de tus hombros 

tu pecho de mármol y

tu vientre cálido de hielo

tu espalda de luna y un secreto

el centro exacto de tu cuerpo 

tu ombligo, un mundo

insondable, profundo

el cauce del río 

que lleva hasta tus muslos

tus piernas fuertes como el roble

y tus pies ligeros como el viento

me desperté alterado 

porque fuiste todo eso

mía, mío, solo en un sueño

en un frágil pensamiento. 

XXVII

Los pliegues en la sábana me contaban una y otra vez nuestra triste historia. Los patrones de líneas eran como constelaciones de astros (besos) muertos, palabras de un lenguaje inventado en esa cama que repetían como letanía el mismo concepto: tu ausencia (ya no estabas). Perdón, no quise lastimarte, fui un patán, el peor; pero esas cicatrices tan profundas del colchón, son un legado de supervivencia… aún podemos salvarnos, juntos.

XXVIII

Me gustas imperfecto. Amo tu mirada Picassiana con ese ojo izquierdo más abajo que el derecho, y tus pecas desordenadas en el big bang del universo de tu espalda; amo tu ombligo saltado, porque nunca arreglaste los problemas con tu madre, y amo esas rodillas chuecas con tendencia a cruzarse, por ese vicio tuyo de boicotearte los proyectos. También encuentro muy sensual la asimetría de tus dedos, con ese anular mucho más largo que el pulgar, y adoro tu piel tan blanca, porque llevas aún marcados hoy los abrazos que te di la semana pasada. Amo el olor a chicle y cigarro de tus besos, y tu voz tan temblorosa cuando me llamas. Me gustas, me gustas imperfecto, cuando te falta el criterio y entonces también me amas.

XXIX

Cuando camino contigo por la calle, tomados de las manos, tan fuerte, como dos plantas carnívoras, no me doy cuenta, pero seguramente traigo una sonrisa de estúpido dibujada en la cara, y vengo sacando chispas de las orejas. La gente creerá que estoy loco, pero no me importa.

XXX

Te extraño demasiado (al borde del delirio y de la cama) y apenas te conozco.

XXXI

Tu manera de quitarte la ropa tiene un cierto virtuosismo, casi artístico, como un músico prodigio dirigiendo a su orquesta en el fin del mundo.

XXXII

Irresistible. Fue pensarte durante dos semanas, sin receso, sin alivio. Obsesión pasajera. Aún te pienso algunas veces, tantas, con menos recurrencia, con la misma intensidad de siempre.

XXXIII

Aunque la mayoría del tiempo estoy bien, y me siento feliz, siempre serás un pensamiento recurrente en mí, como las sombras de las hojas de abril.

XXXIV

Y es que no importa que digan que en el amor soy un intenso, si necesito decirte cien veces en un día que te quiero, lo haré. Prefiero eso, a que quede una recóndita duda sobre lo que siento por ti. Te quiero.

XXXV

De verdad yo solo quería un abrazo, de esos que perduran eternidades. Si después todo eso terminó en avalanchas, fue algo completamente (quizá no tanto) inesperado.

XXXVI

Sigo buscándote, en los libros que leo, debajo de las piedras que camino, en las noches de insomnio, y en las mañanas de vigilia. Me asomo por la ventana, todos los días, a ver si de casualidad te veo pasando enfrente de mi casa ¡Qué tontería! ni siquiera te reconocería, porque aún no te conozco.

XXXVII

Y es que por mucho tiempo tuve situado el corazón en el lugar equivocado.

XXXVIII

Ayer por fin te sentí cercano, amoroso, el abrazo de despedida dejó de ser una cortesía consuetudinaria, para convertirse en un suspiro, en dos latidos, en tres palabras: ¿nos vemos mañana?

XXXIX

Apenas te fuiste y ya te quiero de vuelta. Eres indispensable en el frío, en el silencio, en mis brazos vacíos. Siempre.

XL

Bastó una palabra corta y un gesto breve, para que trajeras de vuelta la alegría a mi corazón.

XLI

Me han recomendado para los males del corazón, una cura que ellos aseguran ser in-fa-li-ble: el tiempo. Pero es que a mí ese remedio no me sirve, les dije, eso solo le funciona a los que gozan de mucha paciencia o a los que viven para siempre. Y yo no soy ni tan tolerante, ni mucho menos inmortal.

XLII

Parafraseando a Benedetti, el mejor insomnio es cuando me desvelo sobre tu cuerpo.

XLIII

Mi despertador favorito es el huracán de tu respiro cerca de mi oído. 

XLIV

Y en la espera de una palabra, un mensaje o una llamada, me tiro en la cama desconsolado, pensando que te tragó la tierra o que te alcanzó el fin del mundo.

XLV

Veámonos todos los días hasta el hartazgo. Nunca he sido bueno para las cucharitas pequeñas de los postres, ni para las inversiones, ni para los planes a largo plazo.

XLVI

La respiración cesa, el corazón se detiene, el tiempo se dilata, y la gravedad desaparece. Estoy flotando en un espacio desconocido, pero ya no tengo miedo, se siente demasiado bien como para poder intimidarme. 

XLVII

(…) y probé el sabor salado de tus lágrimas, la punta de tu lengua en mi ojo, el respiro estridente en mi oreja. No es la usual caricia, ni el beso convencional, ni el abrazo practicado. Creo que tendré que acostumbrarme a los paradigmas rotos, al experimento constante, a volver a empezar todos los días. 

XLVIII

La sonrisa como arma infalible. Un simple esbozo capaz de desarmar un ejército de voluntades.

XLIX

Qué cruel es la música cuando tú no estás. Al parecer todas las canciones tristes del mundo tienen que ver contigo.

L

Bastó un gesto rápido, un “no” rotundo,para entender que lo nuestro era imposible. Y solo por eso, por lo utópico del problema, es que decidí intentarlo.

LI

Hay días que no tengo ganas de verte. Pero son más comunes los años bisiestos y las noches de estrellas fugaces.

LII

Tus ojos fueron como galaxias lejanas que no dijeron nada. Nunca entendí el mensaje y me quedé a años luz de comprenderte. Fuiste un misterio y lo sigues siendo. Y yo que no creía en la existencia de los hoyos negros.

LIII

Toda la comunidad científica vanagloriándose del descubrimiento de las ondas gravitacionales Einstenianas. Si supieran que tú y yo, ya las habíamos descubierto desde hace mucho.

LIV

Te encontré. Lo supe después del primer abrazo, de la mirada cómplice, del silencio (in)cómodo, de la sonrisa perfecta. Te encontré detrás de una nube de suspiros, y fue tan revelador, tan inmediato, tan lapidario, que no cupo la duda en el espacio. Te encontré y eso me hace tan feliz.

LV

Es curioso que el músculo del corazón continúe siendo, después de tantos siglos, el símbolo romántico del amor.

LVI

Me preocupo cuando no ríes, cuando no hablas, cuando eres serio,cuando callas, y te quedas viendo fijo a la nada, haciendo nada,pensando en nada. Temo que de un momento a otro, me puedas dejar de amar.

LVII

Mis días favoritos son los miércoles. Porque nos tiramos en el sillón para hacer una única cosa: querernos.

LVIII

Temía que lo nuestro fuera de esas historias fugaces. Que las miradas, las caricias, los silencios serían como espíritus pasajeros; que nos amaríamos tanto en tan poco tiempo, que nos quedaríamos sin recursos después de un rato, con las manos y los labios vacíos. Y sin embargo, me equivoqué. Aquí seguimos, después de meses de amores en exceso, juntos, plenos, desnudos, entre las hojas del tiempo, sin otoños y sin inviernos. Solo tú y yo, y sin pronósticos de lluvia.

LIX

Mírame, no me dejes de mirar, hazlo con la intensidad de saber que esa es la última vez. ¿te has preguntado por qué tenemos los ojos en ese preciso lugar? ¿Por qué no los tenemos en las palmas de las manos o a la altura del pecho? Los ojos están ahí, debajo de la frente para poder verte y luego cerrarlos, al momento preciso, justo, instantáneo, de darte un beso.

LX

Eres un suspiro que asfixia

una lágrima que ahoga

una palabra que aniquila.

Eres un silencio eterno

una eternidad sin noches

y una noche sin sueños.

Invisible, sólida, implacable.

Eres la calma sin calma

la nostalgia y la añoranza

un presente prisionero.

Eres el viento frío del norte

la nota vacía del pianoforte

y el peso muerto en las entrañas.

Invencible, sórdida, imperturbable.

Eres la sed y el miedo 

la inspiración que duele 

un grito sordo, desconsuelo.

Sentirlo todo, entender nada

un trueno en el corazón

un escalofrío en el alma.

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