¿Qué es el turismo enológico?

El enoturismo o turismo enológico consiste en conocer la historia y el presente del vino, aprender sobre su producción y consumo, y la mejor parte, en probar diferentes variedades, maridadas con alimentos de cada zona vinícola.

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Existen en el mundo varias regiones donde poder practicar el enoturismo.

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Festival de vinos y food trucks en Querétaro

Llevaba varias semanas obsesionado y atormentado con el vino. Con mis amigos hasta inauguramos tertulias semanales que emulaban las de un grupo de señoras conservadoras, “Noches de Vino y Quesos” las llamamos. Todos aquí tenemos menos de 30 años.

Y un día entre semana, lo que me faltaba: “Nos gustaría que asistieras al Festival #FoodtrucksandWine deViñedos la Redonda, este 17 y 18 de octubre. “¿Vinos, Food Trucks?” dos de las cosas que más amo en la vida, juntas. “Por supuesto”, respondí sin titubeos. Invité a mi roomie Esteban, y a dos amigas Instagrameras, Moniy Dani. Acordamos encontrar a los organizadores en la Fuente de Cibeles (en la Ciudad de México) a las 9 am, donde un autobús nos llevaría a los viñedos, en el estado de Querétaro. Abordamos el autobús, y de inmediato empezamos a platicar de vicisitudes banales, pero interesantes, con el otro grupo de invitados especiales al evento, los “tuitstars”.

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Cordero Patagónico

Me fui a un tenedor libre por 180 pesos argentinos,
comí poco a propósito durante el día para poder disfrutarlo,
uno no debe de ir a estos bufets “all you can eat”
sin la intención de que la casa pierda, sino, ni intentarlo.
Y así abrí con unas minutas y ensalada,
para pasar después a lo principal, la parrilla
cordero patagónico para empezar,
matambre, chorizo, chinchulines y morcilla.
Más cordero de la patagonia y costilla,
un plato de vacío, paradójicamente lleno de carne y macisa,
y ya al borde del desborde, un cachito de asado de tira,
con una copa de vino de Mendoza de cortesía.
Yo no sabía si seguía comiendo por hambre, por gula,
o por complacer al estúpidamente guapo del parrillero,
del cual me enamore desde el primer cordero.
Y ya para terminar, de postre, unas peras en almíbar
aunque la mesera insistió tanto en probar el flan casero,
que terminé comiéndomelo bañado en dulce de leche, entero.
Pagué la cuenta y me fui a dar una vuelta digestiva después,
me di cuenta que casi casi me había tragado, yo solo,
a todo el portal de Belén.