Algo sobre la muerte del Dr. Nevraumont

🎼 The King’s Speech • Alexandre Desplat.

Justo ayer pensaba en él. Mi madre me mandó un mensaje para decirme que ya estaba muy mal; no me alarmé, tantas veces nos hizo la finta en los últimos años de que ya había dejado su cuerpo para irse a otro lado; al final siempre volvía, vivo, respiraba, y te miraba. Pero esta vez fue en serio.

Dr. Nevraumont

Yo lo recuerdo siempre viejo, desde que era pequeño, con su piel arrugada de elefante y sus ojos magnificados por sus lentes telescópicos. Dicen que solía ser un padre muy autoritario, pero que la llegada del primer nieto le ablandó el corazón:
Yolanda, ahí te encargo a Ramocito. ¿a ver qué cuentas me entrega?

Conmigo mi tito fungió siempre el rol del abuelo perfecto, el que dictan las leyes naturales de amor por los nietos: Nos fuimos de viaje juntos a Canadá un verano; comíamos saladitas con sus quesos añejados en las cavernas de la casa; y veíamos lo partidos de basketball de la NBA en el cuarto de Ramón, yo acostado en la cama, y él en esa mecedora tejida de paja que tanto odiaba mi hermano.

Me apoyó siempre en todos mis proyectos sin importar qué tan locos o desvariados fuesen. Es sin duda de él que heredé la pasión por viajar; mi mamá y mi papá sufren hasta para salir a la esquina.

En la casa nunca me sentía solo, pues sabía exactamente en qué punto se encontraba porque arrastraba sus pantuflas como sacando chispas por todos los pasillos. Y si me sentía mal, no había medicina que no existiera en su cubetita metálica arriba del refrigerador, apunto de caducar.

Conocía a mis mejores amigos y se llevaba muy bien con ellos. A Daniel siempre que lo veía le contaba la historia de la Catedral de Strasbourg todas las veces, pero con el mismo entusiasmo de la primera vez.

Sabía miles de historias, y las contaba con perfecto detalle; su cualidades como lector afanado lo convertían indiscutiblemente en un cronista implacable.

Ya luego me terminas de contar Tito, me tengo que ir.

Cuando todavía el desgraciado cuerpo se lo permitía, salía a caminar al centro de Xalapa, al parque Juárez, donde él y sus amigos, sentados en esas bancas oxidadas charlaban de sus glorias pasadas y de sus penas presentes. Ese colectivo de viejos se había vuelto un monumento al ciudadano ilustre xalapeño. Sin embargo, el pasar del tiempo es implacable y esos amigos vitalicios fueron desapareciéndose de este mundo, uno tras otro, y mi abuelo les sobrevivía, como un guerrero solitario que se aferraba a la vida.

Recuerdo que una mañana, me pidió que lo llevara al doctor, que se sentía mareado. Esa noche la mitad de su cuerpo se apagó. Con una lucha a muerte contra la vida misma, se recuperó después de unos meses y volvió a caminar, pero una caída fulminante le partió el fémur y le asestó la peor de las herida: la imposibilidad definitiva de caminar.

Hoy mi abuelo por fin se rindió, lo necesitaba él, lo necesitábamos nosotros. Había sido prisionero de un cuerpo pesado y obsoleto por los últimos años. Lo cuidamos, y lo amamos cada día con la misma intensidad , al levantarlo, al darle de comer, al bañarlo, al acostarlo, una y otra vez, día y noche.

Primero Manuel, luego Tere, luego Paty sus hijos; luego Ramón, Paty, Valeria, Nicolás y yo, sus nietos. Las vidas que trajo a luz en los partos, y las vidas que salvó como médico renombrado; somos su legado biográfico, lo que él le obsequió al mundo junto con mi querida tita, Maria Teresa.

Y aquí nos comprometemos a no olvidarte tito, a recordarte siempre con candidez y cariño; y a contarle al pequeño Nicolás cuando esté más grande, a Nico, que tuvo un abuelo, que era brillante, amoroso y bueno, que era el mejor.

Te amo Tito.

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Eutanasia a mi hermana

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Hoy decidimos administrarle la muerte a través de una aguja, ella no sentirá nada y nosotros, o por lo menos yo, sentiremos como un machete mal afilado nos perfora las entrañas… Lleva 3 días sin poder moverse autónomamente, recostada en posición fetal como un intento de pasar sus últimos días de la misma manera que vivió sus primeros… Hace tan sólo tres días aún devoraba con vehemencia su comida, la de siempre, complementada esta vez con esos fideos secos enchipotlados, tan típicos de Xalapa… Sus piernas ya no la sostenían, su columna, ya cóncava, era un arquitrabe en ruinas, en la obscuridad se desorientaba e iba a estrellarse contra los muros de su habitación, usaba ya un pañal infantil, para contrarrestar los efectos de esfínteres caducos, ya no te escuchaba, ya no te veía y al sentir el roce invisible de la mano de uno,  gruñía… La conocí cuando estaba en la primaria, hace 17 años, lo que la  hace hoy por hoy la decana de la familia con más de 100 años humanos según las convenciones… mis padres al inicio no la aceptaron, pero con el tiempo se volvió irremediablemente parte de la familia… Siempre que me preguntaban que de dónde venía yo respondía que de una orgía, nunca supimos exactamente lo que era, hija de quién, antes de nadie y ahora nuestra… Llevó una vida bastante relajada sin muchos inconvenientes, varias veces se le atoró la cabeza entre los barrotes de la reja, se cayó, víctima de la irremediable gravedad por las escaleras, una que otra pelea casera y de vez en cuando en la regadera se congelaba en un trance, con sus extremidades rígidas, del que segundos después salía avante como si nada hubiese pasado… Ahora el tiempo y la genética, macabramente cómplices, se han salido con la suya, y es tiempo de decir aquella palabra tan difícil de pronunciar, que no es un traba-lenguas pero sí un traba-almas, un nudo en la garganta, un “Adiós”… Gracias por todas las noches en mi cama, por los abrazos incondicionales , por los besos a lengüetadas… perdón por haberte mantenido todo el tiempo en casa, por haberte privado químicamente de ser madre y por haberte ignorado durante tus últimos días… Fuiste un referente para todos, no tengo un amigo, por alguna u otra razón, que no sepa de tu existencia, porque  siempre fuiste un referente de mis narraciones cotidianas, parte de mi vida, de mi monografía, de mi esencia… Ahora que sé que estás muerta, enrollada en un petate y dirigiéndote a un rancho donde serás enterrada junto a tu hermana la Kissy, sé que hicimos lo mejor que ya era tiempo de que descansaras… eres la amiga más antigua, mi hermana, mi hija, mi almohada favorita… te vas, pero aquí te quedas porque nadie olvidará tu nombre y mientras el recuerdo de ti lata eternamente en nuestros corazones, serás como un ladrido incesante, por las mañanas por las tardes, por las noches, por mi vida entera… Adiós Babsy, te amo!

Babsy

The dog I’ve loved the most… my sister, my daughter