Cordero Patagónico

Me fui a un tenedor libre por 180 pesos argentinos,
comí poco a propósito durante el día para poder disfrutarlo,
uno no debe de ir a estos bufets “all you can eat”
sin la intención de que la casa pierda, sino, ni intentarlo.
Y así abrí con unas minutas y ensalada,
para pasar después a lo principal, la parrilla
cordero patagónico para empezar,
matambre, chorizo, chinchulines y morcilla.
Más cordero de la patagonia y costilla,
un plato de vacío, paradójicamente lleno de carne y macisa,
y ya al borde del desborde, un cachito de asado de tira,
con una copa de vino de Mendoza de cortesía.
Yo no sabía si seguía comiendo por hambre, por gula,
o por complacer al estúpidamente guapo del parrillero,
del cual me enamore desde el primer cordero.
Y ya para terminar, de postre, unas peras en almíbar
aunque la mesera insistió tanto en probar el flan casero,
que terminé comiéndomelo bañado en dulce de leche, entero.
Pagué la cuenta y me fui a dar una vuelta digestiva después,
me di cuenta que casi casi me había tragado, yo solo,
a todo el portal de Belén.

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